domingo, 20 de mayo de 2012

EN UN PLATITO




Nina era una Mujer bajita, regordeta, un poco feucha... No tenía carrera ni casa propia, su coche era bastante viejo y vivía en un barrio mediocre atestado de gente mediocre.


Hasta ahora, había basado su vida en parecerse a los demás. Así que, por supuesto, no le gustaba su cuerpo porque no tenía las medidas perfectas, y si alguna vez reunía ánimos para ir de compras con alguna amiga, volvía a casa deprimida porque “nada le sentaba bien”. Decía cosas como:



NINA - Mira que culazo me hace este vestido

AMIGA - Pues a mi me parece que te queda muy bien

N - ¿Que va, esto no me lo puedo poner yo!

A - Toma pruébate este pantalón...

N - ¡Uy!, me hace las caderas muy anchas


A - Que no, mujer, ¡te queda estupendo!. Conjúntalo con esta camiseta...

N - Con este pecho las camisetas no me sientan bien. ¡Jo!, ¡qué barrigaza tengo!

A - Exageras, de verdad. No estás tan mal

N - ¡Ya! Lo dices para animarme, pero no es la verdad.




No le gustaba su trabajo, porque no era la gran ejecutiva de una empresa líder que arroyaba sólo con su presencia y conseguía importantes ingresos, así que pasaba las ocho horas diarias amargada...



NINA - ¡Valiente rollo aguantar aquí todo el día para lo poco que gano!... Ahí va el encargado. ¡Hala! ¡A por otro cafetito!. Claro, él se lo puede permitir... ¡Buaf!, otro cliente... A ver si no molesta mucho...

 
CLIENTE - ¿Prodría ayudarme, por favor?. Tengo que amueblar mi casa y no sé por dónde empezar...

N - Así que toda la casa, ¡¿eh?! Puede empezar dando una vuelta por la exposición y si hay algo que le interesa, pues ya se lo dice al compañero de la sección...




Y tampoco le gustaba su novio porque no se parecía a Tom Cruise, ni a Dicaprio, ni a George Clooney ni a ningún otro hombre del que pudiera presumir y así hacerse valer. Su relación era sosísima: a excepción de pelearse continuamente, apenas hacían ya nada juntos...


Nada en su vida la satisfacía. Siempre estaba apática, cansada y de mal humor. Pero ahí estaba. Subida en un carrusel que daba siempre las mismas vueltas y mostraba siempre los mismos paisajes sin saber bajar de él. En realidad, aunque ella no fuera consciente, había creado la vida que había elegido vivir, pero todo empezó a cambiar cuando hicieron una reestructuración de personal en su empresa y prescindieron amablemente de sus servicios. Esto le irritó profundamente y cuando llegó a su casa tuvo una pelea de tal magnitud con el novio, que este no lo aguantó más y dicidió irse para siempre.



Nina se sentía muy, muy mal. Acababa de perder su conocida estabilidad y le daba vértigo pensar en lo que iba a ser de ella desde ahora. Solo tenía ganas de llorar y eso fue lo que hizo. Aquella noche no cenó, sólo lloró. Lloró con desesperación, con angustia, con pena, con culpa. Le oprimía algo en el pecho y se sentía morir. Lloró durante días. Incluso dormida soñaba que lloraba amargamente y mojaba la almohada. Despertaba y volvía a llorar sentada en la cama con la cara entre las manos. Lloró incluso sus llantos más viejos...




Una mañana, cuando estaba tomando su café, dejó de gemir aunque las lágrimas no cesaron de caer por sus mejillas. Ahora sentía un inmenso alivio en aquellos arroyitos que iban a desembocar al Platito del desayuno... 


No se levantó de la silla sino que siguió llorando plácidamente, hasta que no necesitó hacerlo más. Cuando se le agotaron literalmente las lágrimas, se dispuso a recoger la mesa y observó algo raro en el Platito... Lo miraba atentamente pero no acertaba a reconocer lo que había. Ella solo lo usó para el pan y nadie lo había tocado, así que no entendía lo que ocurría... Encendió la lámpara para ver más claramente y sin atreverse a tocarlo, se acercó lo más que pudo hasta percibir algo que irradiaba una Luz de un color indefinido: casi verde, casi marrón, casi amarillo... 


En el Platito había agua, lo que era raro, y lo que vió era el reflejo de su ojo que resplandecía como nunca, lo que era aún más extraño... Miró el resto de su cuerpo y lo encontró como siempre así que, intrigada, fue a mirarse al espejo del baño pero, y esto sí que era rarísimo, ¡no estaba!. Buscó el del fondo del pasillo, los de las puertas del armario ropero, sobre la cómoda, en el recibidor, en sus bolsos, en su neceser... nada. Ni uno.



NINA - ¡Acabo de enloquecer!. ¿Cómo van a desaparecer de repente los 7 u 8 espejos de mi casa?


Ahora que los contaba, le parecieron muchos, incluso demasiados... Pero no quería perder tiempo; tenía que encontrar un espejo y recordó que en el ascensor había uno y también en el portal (¡cuántos espejos!)...


Salió a toda prisa y cuando llegó el ascensor su espejo la reflejó como siempre. Bueno, peor, porque los días de llanto habían dejado su huella. Entró en la casa y fué de nuevo al plato. Lo miró recelosa y volvió a ver su ojo, si es que lo era, porque casi no podía reconocerlo. Movió un poco la cabeza y vió su nariz. Sí, era su nariz, aunque un poco más mona que de costumbre. Buscó la boca y allí aparecieron unos labios más gruesos y rojos que antes. Empezaba a sentirse bien, así que los labios se estiraron en una sonrisa dejando ver unos bonitos dientes...


NINA - ¡No me lo puedo creer! ¡Tengo los dientes blancos como siempre he envidiado en otros!


Pasó la mañana animada. Comió los restos que tenía y, por primera vez en años, no sintió la necesidad de mirar la televisión mientras lo hacía. Luego durmió un poquito de siesta y se preparó para salir a comprar algo que pudiera rellenar su frigorífico. Antes de irse, se miró en el Platito y aprobó su aspecto. Bajó por la escalera y pasó de largo por el portal así que salió a la calle con una sonrisa en los labios. Entró en su carnicería habitual y tropezó con su cara en un espejo, que hasta entonces le había pasado desaperdibido, y su sonrisa empezó a desdibujarse. Llegó a la frutería donde le estaba esperando otro espejo (¡pero, cuántos espejos!). La sonrisa se desvaneció y con ella las ganas de hacer nada. Regresó a su casa inmediatamente a comprobar en aquel Platito su cara: ¡no estaba mal! No estaba nada mal y, sin embargo, fuera de allí solo le encontraba... ¡defectos!




A la mañana siguiente, tenía que salir para hacer unas gestiones. Normalmente no le gustaba esto, pero había dormido bastante bien y se sentía descansada. No le apeteció poner la radio al levantarse como solía hacer. Arreglo su cara y su pelo sin mirarse, aunque antes de irse comprobó cómo había quedado y se gustó.

Decidió no coger más el ascensor, pasar siempre del espejo del portal y no mirar los de la carnicería ni la frutería cuando entrara.

Fué primero a la oficina de empleo porque era lo más urgente por hacer y donde más se solía tardar, aunque pasó poco tiempo hasta que la atendió un amable funcionario y cuando acabó se dirigió al banco. De camino miró algunos escaparates de calzados y ropas. En casi todos encontró su cara reflejada en los espejos (¡por el amor de Dios, cuántos espejos!) y su ánimo empezó a mustiarse. Cuando llegó a su destino cayó derrotada al comprobar que delante de las sillas de espera había un inmenso espejo donde verse completa y en todos sus defectos (¡qué alguien los detenga! Esto es acoso!)... 




Tardaron una eternidad en atenderla y encima la chica parecía no tener un buen día, lo que le hizo recordar su actitud con los clientes en su anterior trabajo. Llegó a su casa cansada, algo triste y cavilando en lo que estaba viviendo...


Se tendió en el sofá y ató algunos cabos al repasar los acontecimientos y decidió que además de ir por las escaleras, pasar de largo por el portal y no mirar en los espejos de la frutería y la carnicería, tampoco pararía en los escaparates que los tuviera y cuando fuera al banco se pondría de espaldas aunque tuviera que quedarse de pie. Después de esta decisión puso la tele para distraer sus pensamientos pero se cansó de ver las vidas de otros, las malas noticias y los anuncios de mujeres espléndidas que vendían de todo para hacerte “más perfecta y feliz”, así que tuvo el valor de darle al botón de apagado del "gran espejo supremo" donde todos debíamos mirarnos...




Y ahora, ¿qué podía hacer con su Vida?. Le estaban pasando cosas muy raras y aunque no se sentía asustada, sí quería saber por qué... 


Se le ocurrió ir a una biblioteca en busca de algunos libros que le pudieran ayudar.

Antes de salir, miró su Platito y se fijó en que... ¡tenía más líquido! ¡Ya casi se veía la cara completa!. Bueno, no entendía nada aunque se gustaba cada vez más y se encontraba mucho mejor...

A pesar de todo, cumplió su ritual de bajar por las escaleras, no mirarse en el portal ni en ningún escaparate y entró en la biblioteca (donde no había espejos) sin saber qué quería ni dónde encontrar el libro que pudiera necesitar... 


Le pareció buena idea empezar por la sección de esoterismo. Anduvo hurgando largo rato sin decidirse por nada hasta que se le acercó el encargado y le preguntó si podía echarle una mano. Nina no quería explicarle la verdad ni mentirle, así que empezó a ponerse nerviosa y a liarse en las explicaciones. El encargado, tras escucharla con paciencia, dedujo que algo singular acontecía en la vida de aquella mujer y que no sabía cómo afrontarlo. Le recomendó uno de esos libros de autoayuda. Nina aceptó la idea, le agradeció la atención y se marchó a su casa muy contenta. Al llegar vió que el plato estaba lleno y su cara se reflejaba entera y estupenda. ¡Qué bien empezaba a sentirse!. No tocó el plato para no derramar el líquido...

Se sentó lo más cómoda que pudo y comenzó leer aquel libro. No se acordó de la comida hasta que su estómago rugió de hambre y nada más aliviarlo, volvió al libro hasta que lo terminó. Ya era tarde. Se acostó y durmió muy bien...




Cuando despertó, la Vida le parecía digna de vivirse y saltó de la cama con alegría para hacerlo. Se dió los buenos días en el espejo del baño... ¡Un momento!, ¡el espejo estaba de nuevo allí!... aunque sólo reflejaba su cara pero, ¡qué cara!... ¡estaba tan linda que no podía creer que fuera ella!... 


Buscó el resto de espejos y en todos aparecía sólo su rostro reflejado. Se acercó a ver el Platito y... ¡estaba vacío!. No supo bien cómo interpretar aquello así que lo dejó donde estaba, por si acaso...

Tomó el desayuno y fue a devolver el libro a la biblioceta cumpliendo todo el ritual. Lo cambió por otro similar y se sentó allí mismo a leerlo. El encargado la saludó cortesmente y ella correspondió con una amplia sonrisa. Se quedó hasta que cerraron y tuvo que irse a su casa donde siguió leyendo ensimismada...

Cuando terminó el libro, adquirió otro, y otro, y otro más. Y así fué adquiriendo pensamientos nuevos acerca de ella, del mundo y de cómo ver la vida en general...




Alguna vez sus amigas le proponían ir de compras o salir por ahí, pero Nina sabía que no podía compartir con ellas sus sentimientos sin que le dijeran que estaba chiflada y cosas así. Por eso les daba largas hasta que dejaron de invitarla...

Una mañana en la que entró en la biblioteca, el encargado que había observado su trayectoria con atención, se le acercó y le habló sobre algunos conocidos suyos que trabajaban con el Crecimiento Personal. (¡Bién!, pensó Nina que ya echaba de menos el contacto con personas similares a ella). Le dió una dirección y un horario y le dijo en modo tranquilizador: "Puedes aceptarlo, te lo mereces"

(¡Vaaya! Nunca había pensado que Ella fuera “Merecedora” de algo bueno. Aquella frase abrió en su Interior una Puerta que ni siquiera sabía que existiera y, por ella, entraron el aire fresco de la primavera, los rayos del sol, una mariposa de bellos colores, el canto de los pájaros, el olor a tierra mojada, la sombra de un árbol en verano y el sonido de un riachuelo...todo junto directo a su Corazón).

Nina tendió su mano para coger la nota y sintió que no tenía el aspecto habitual, por eso en cuanto pudo le prestó atención y quedó emocionada:


¡sintió sus manos como el precioso instrumento que eran y, además, bellas 
como nunca!. Le dieron ganas de besarlas, acariciarlas y cuidarlas y lo habría hecho de estar en privado...




Esa misma tarde acudió a la dirección de la nota y fue recibida amablemente por una mujer mayor bastante hermosa que irradiaba tranquilidad. Le explicó que para asistir regularmente debía comprometerse a trabajar y para empezar le dio un buen montón de libros llenos de Sabiduría...

Nina se marchó satisfecha por lo que estaba haciendo. Intuía que esto solo le reportaría cosas buenas y así fue recuperando su Autoestima.

Una de aquellas tardes de reunión, Nina estaba tan emocionada que sentía la necesidad de salír a pasear (después de todo hacía un precioso día de lluvia y quería disfrutarlo). Así que se disculpó ante los presentes y se marchó...


Paseó por un parque cercano bajo su paraguas, muy despacio...


Veía colores que hasta ahora le eran desconocidos. Se fijó en las piedras, en cada planta, en cada árbol, en la tierra, en el agua de los charcos. Veía a la gente pasar deprisa y protestando por la lluvia... pensó que no quería a ser como ellos, que quería bajarse definitivamente de aquel carrusel y saborear cada cosa que le daba la Vida. Por eso, cerró su paraguas, se quitó los zapatos, dejó que la lluvia mojara su cuerpo y empezó a notar cómo aquél agua limpiaba su cuerpo y, a la vez, en su mente se aclaraban todas las sombras que no le dejaban ver. ¡Estaba teniendo la revelación más importante que cualquiera pueda tener en su Vida!


Miraba sus pies y les daba las gracias que nunca les dio por sostenerla durante tantos años. Veía sus piernas y podía sentir la fuerza que poseían. Su abdomen abultado y sus pechos opulentos eran ahora signos de Creación de Vida. Sus ojos podían brillar como diamantes al sol. ¡Se sentía bien dentro de su piel!. ¡Por primera vez desde que tenía recuerdos, se sentía completamente a gusto siendo Ella!. Ya no deseaba lo que no tenía porque, en verdad, lo tenía todo, en su sitio y bien dispuesto para usarlo y disfrutarlo.



Caminó empapada pero se sentía pletórica... Se percibía como una persona nueva, como si acabara de nacer y fuera merecedora y, a la vez, portadora de todo lo bueno... 


Iba riendo y saltando con los zapatos en una mano y el paraguas en la otra. No le importaba absolutamente nada de lo que otros pensaran sobre Ella. Ya no necesitaba que nadie la aprobara...

Regresó a su casa sin pensar en el ritual y, cuando entró, notó que todo resplandecía aun siendo un día sin sol. Se dirigió al baño para secarse y luego al ropero para cambiarse y allí percibió su imagen completa en el espejo. Buscó el Platito para ver cómo estaba y lo encontró vacío. Ahora entendió que aquellas lágrimas primero y la lluvia después, ambas habían servido para obrar el Milagro de limpiarse de tantas imágenes erróneas que reflejaban los espejos que otros le ponían delante y Conoció la Paz y la Felicidad de Amarse a sí misma.




Cariba, la Diosa que Yo Soy, saluda la Diosa que Tú eres 
Diosa del Círculo de Mujeres "Maywa de Luna"


2 comentarios:

  1. La autoestima,dificil asignatura en este mundo de imagen,apariencias, y superficialidad que velan valores muy solidos que nos negamos a apreciar por dar prioridades erroneas. Que pena da ver que detras de tanto musculito,tanta silicona,y tanta imagen, se entierran valores y virtudes que tal vez no tengan la oportunidad de salir a la luz...porque se las niegan.

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    1. Gracias por tu comentario.
      Estoy de acuerdo en que es una asignatura difícil para la mayoría de las personas pero aún así merece la pena intentarlo. Una buena forma es el autoconocimiento en profundidad, analizar cuál es nuestra escala de valores para la vida y por qué los hemos aceptado, reconocer nuestras "imperfecciones" y aceptarlas sin dramatismo y ahí, justo ahí, empiezas a quererte.

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