lunes, 28 de mayo de 2012

EL MITO DE MEDUSA Y PERSEO (2ª Parte)





Perseo, un semidios, hijo de Dánae (una humana) y Zeus (Dios del Olimpo), era un joven fuerte y hermoso. Su “padre adoptivo humano”, Polidectes, Rey de la isla de Sefiros, se enamoró de Dánae cuando ésta y su hijo fueron salvados por su hermano Dictis pasando a ser padre adoptivo de Perseo.

DANAE Y PERSEO SALVADOS

Polidectes intentó enamorar a Dánae pero ella lo rechazó una y otra vez, y él, enojado, intentó hacerla suya a la fuerza. Perseo desde ese momento velaba por ella y no permitía que Polidectes se acercara a ella ni un palmo. 

Ama, espera, confía
porque no puede el que vence sin riesgo
decir que vence
(Mercurio anima a Perseo) Calderón de la Barca

Un día, Polidectes, celebró un banquete al que invitó a sus amigos y al que también llamó a participar a su hijo adoptivo, Perseo.

En el transcurso de la comida, preguntó Polidectes a sus invitados qué pensaban regalarle, y ellos acordaron obsequiarle cada uno con un caballo. Perseo, por su parte, para agradecer al rey el haberlos acogido todo este tiempo le promete traer la cabeza de Medusa. Así que el rey, ve el momento ideal para deshacerse del joven y apoyado por Atenea lo anima en el compromiso de eliminar a Medusa, como prueba de su agradecimiento y su valentía.



A la mañana siguiente, todos los invitados al banquete del día anterior se presentaron ante Polidectes entregando cada cual el mejor caballo de sus establos. Perseo, sin embargo, acudió con las manos vacías. El rey se rió de él y le amenazó diciéndole que si no le traía la cabeza de Medusa, forzaría a su madre, Dánae, a casarse con él. El joven salió de la ciudad sin rumbo, desesperado, indignado y cabizbajo.

Al caer la noche, mientras descansaba bajo un árbol, preocupado Zeus por su hijo le envía a Hermes (su Dios Mensajero) para ayudarlo y aparece también Atenea, con su propio objetivo que ya conocemos. La Diosa le aseguró que lograría su propósito utilizando la Astucia, la Constancia y superando las pruebas, dejando atrás la duda y el miedo antes que usar la fuerza y le entregó un escudo brillante de bronce. Hermes le entregó una hoz de acero irrompible con la cual podría degollar a la Gorgona.

ATENEA

Los Dioses le indicaron el camino para llegar hasta la morada de las tres Grayas (Las Grayas son criaturas Divinas. Estos seres son tres hermanas que nacieron con el pelo blanco, comparten un ojo para las tres y un único diente que compartir. Estas criaturas nacieron hermosas y poco a poco se fueron convirtiendo en mujeres viejas y horribles. Ellas vigilaban la entrada de la guarida de sus hermanas las Gorgonas. Al tener un solo ojo y un solo diente, lo comparten pasándoselos la una a la otra por turnos. Aquella a la que le toca el ojo, monta guardia a la entrada de la cueva mientras sus dos compañeras duermen). 

LAS TRES GRAYAS

Cuando Perseo se presentó ante ellas, comenzó a dar vueltas a su alrededor, entonces, las curiosas ancianas queriendo ver todas al extranjero empezaron a disputarse el ojo con tal apasionamiento que éste acabó rodando por el suelo. Así es como Perseo se apoderó de él. Después les dio fruta fresca y las tres magas se empezaron a pelear por el único diente que tenían. Al fin se les cayó el diente y empezaron a desesperarse porque no podían comer.


HERMES (al fondo), LAS 3 GRAYAS Y PERSEO CON SU OJO


Imploraron a Perseo que les devolviera el ojo para poder encontrar el diente y éste se lo devolvió con la condición de que le indicaran el camino que conducía a la oculta isla de las Ninfas. Ya que ellas son las únicas, según dijo Hermes, que les podría dar las sandalias aladas.

LAS NINFAS ENTREGANDO A PERSEO LOS MAGICOS OBJETOS


Las Ninfas acogieron a Perseo con emoción y le entregaron las sandalias aladas con las cuales podría volar, una especie de bolsa de tela tejida de manera que podía contener la cabeza de una Gorgona y el casco de Hades (Dios del Inframundo) capaz de hacer invisible como el alma de un muerto a quien lo llevara puesto porque con su aspecto viviente no lo podría lograr. Con estos mágicos objetos, Perseo llega a la recóndita cueva de las Gorgonas.

Perseo en su misión, que en un principio pareciera algo casi imposible de realizar, tuvo que usar las sandalias aladas que les habían proporcionado las Ninfas. El escudo brillante le prevenía de la mirada de Medusa de forma que si llegaba a mirarle, pudiera repeler el ataque de la luz letal de sus ojos utilizándolo como espejo. Por suerte, no tuvo necesidad de usarlo, ya que esperó a que Medusa se durmiera en su guarida. 

MEDUSA APARENTEMENTE DORMIDA

Perseo volando con sus sandalias, logró ubicarse por encima de Medusa cortándole la cabeza en un solo acto. Perseo, al no fijarse en Medusa, acostumbrada ella a que todos la miraran petrificados, se enamoró de él tan locamente que ella misma se arruinó dejándose perder a través de su aparente sueño dormido.

Con este corte, por el medio del cuello de Medusa, salió abundante sangre y surgieron sus hijos, Pegaso, el potro alado, y el gigante Crisaor. Sin mirar en ningún momento a los ojos de Medusa, metió la cabeza en la especie de bolsa o zurrón que tenía y salió huyendo.

PERSEO CORTA LA CABEZA A MEDUSA SURGIENDO 
PEGASO Y CRISAOR

Las hermanas de Medusa (Esteno y Euríale) persiguieron a Perseo, pero éste con las sandalias aladas de las Ninfas y el casco de Hades que le hacía invisible, pudo escapar con el preciado trofeo.

ESTENO 


EURIALE


La cabeza de Medusa fue para Atenea, que la utilizó como escudo en todas sus batallas, como hizo Perseo en su camino de vuelta para rescatar a Andrómeda que se la encontró encadenada a una montaña y de la cual se enamora y, más adelante, cuando llega a su destino y mata a Polidectes.

PERSEO MATA A POLIDECTES

La sangre derramada en la decapitación de Medusa fue celosamente guardada para fines que sólo los Dioses conocen ya que parte de la sangre de Medusa podía dar vida y hasta incluso resucitar a los muertos; y que el resto de ella sembraba muerte.



CONCLUSIÓN DEL MITO

Sobre la mirada… la identidad de cada cual se construye en el cruce de miradas con el “otro”. Se existe en función de lo que los demás ven, dicen y estiman de ti.

El ojo
El espejo
La imagen

La mirada no es sólo mirar, porque las hay que no miran a ninguna parte. Una mirada perdida, por ejemplo, puede indicar reflexión, ensimismamiento, terror, pasmo, obsesión, ternura,…porque su sentido no procede del objeto mirado, sino del Interior de quien mira.

La mirada está en las pupilas, pero no es la pupila. Los ojos son las bóvedas por donde se asoma el Alma a través de la mirada, pero tampoco la mirada son los ojos.

Hay miradas que dejan el corazón abierto de par en par, que enseñan lo más profundo. Por eso, en un cruce de miradas se pueden entablar relaciones tan íntimas, o más, que por medio de palabras.

El Mito, en este caso, nos alerta sobre la Fuerza de la Mirada, especialmente sobre la mirada de terror. Cuando vemos algo terrorífico, como una película de terror, por ejemplo, nos quedamos petrificados, no sabemos cómo reaccionar, porque el miedo paraliza como la mirada de Medusa que puede convertirte en estatua de piedra.

El Héroe no puede caer en la trampa, no debe mirar los ojos chispeantes del terror. Si sucumbe a la terrorífica mirada, quedará paralizado y su misión fracasará. El miedo le avisa y le estimula a la acción, en cambio, el terror lo desarma, lo deja frío, inactivo.

Hay un paso entre el miedo y el terror, son la misma realidad con distinta intensidad, por eso, no es difícil traspasar el límite y pasar de Héroe o Heroína aclamad@ a simple hazmerreír.

Perseo, inteligente, pone los medios a su alcance, usa entonces el escudo como espejo, no sólo con el fin de parar los posibles golpes, sino también para devolverlos. Es capaz de darle un uso nuevo a un arma antigua y adecuarla a las condiciones del enemigo de tal manera que su astucia le salva. Es un Héroe, no por su fuerza, sino por su inteligencia; no por ser inmune al terror, sino por haberle ganado la partida siendo activo. Como se suele decir: “Más vale maña que fuerza”

Hay miradas también que nos dejan de piedra y que nos hacen perder la cabeza. Y es que una cosa lleva a la otra: al quedarnos de piedra nos resulta casi imposible reaccionar, no podemos pensar, se nos paraliza la razón. En el Mito de Perseo y Medusa aparecen los dos fenómenos, lo que ocurre es que quien pierde la cabeza es la propia Medusa, cuya mirada petrifica a quien la mira. Al esquivar Perseo su mirada, Perseo no pierde la cabeza por Medusa, sino que es la Gorgona la que la pierde por Perseo.

Medusa era tan bella que seducía a todo aquel que la miraba, es decir, que al verla todos quedaban de piedra. Pero al conocer a Perseo, que no se fijó en ella, se enamoró de él tan locamente que ella misma se dilapidó.

Lo que le ocurrió a Medusa, les ocurre a las personas que están acostumbradas a dominar o seducir con su mirada, a que todos los que las miran queden petrificados, se postren a sus pies y estén a su merced. Generalmente, no pierden la cabeza por los que caen en sus garras, sino justamente por los que no se dejan seducir. Un “don Juan” o “doña Juana” sólo pierde la cabeza por la presa que ha burlado su trampa, entonces pierde el control y se siente desfallecer porque su mirada no logra petrificarla. ¿Será por todo eso que cuando perdemos la cabeza se nos queda la mirada petrificada...?

Momento del Círculo de Mujeres "Maywa de Luna" dedicado a Atenea

Miryam, la Diosa que Yo Soy, saluda la Diosa que Tú Eres


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Bendiciones, Verónica

      Los elementos del Mito son Perseo, Medusa y la Mirada.

      Gracias a este Mito, accedemos a aquello que el espanto tiene de más extremo. Se trata de ese instante imprevisto en el que nuestra mirada deja de ser activa, escudriñadora, para ser pasiva; se ve ella misma embargada, penetrada, observada. En efecto, ella es penetrada por la aparición primera (la epifanía) de nuestra propia muerte, sin que siquiera lleguemos a preverla ni a anticiparla, puesto que ello constituiría ya una iniciativa y una acción. Esta aparición nos toma por completo, nos inmoviliza, nos paraliza, nos priva de vida, nos transforma en piedra o en sombra y comienza a introducirnos en el reino de los muertos.

      En sentido inverso, la historia de Perseo también nos permite acceder al ejemplo de alguien que escapa del espanto. Perseo es aquel que está prevenido y preparado; es el que utiliza las mismas armas de su adversaria (rapidez, invisibilidad, control de la mirada) para Triunfar sobre la muerte. Volverá a su estado anterior pero tras haber sido él mismo, en el espacio de un instante, liviano y rápido como una sombra e inalcanzable como un reflejo. Se librará de la muerte, pero de ahora en adelante ya sabe de qué se trata.

      Hay Miradas y miradas.

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